Martin Schulz, la víctima de la gran coalición con Angela Merkel

Martin Schulz abandona su conferencia de prensa donde comunicó su renuncia.

El presidente saliente del Partido Socialdemócrata alemán (SPD) Martin Schulz ha renunciado a la cartera de Asuntos Exteriores que preveía ocupar en el Gobierno de coalición pactado con el bloque conservador de la canciller Angela Merkel por el bien del país. En un comunicado tan escueto como desgarrador, Schulz, arguyó que la discusión generada en el partido sobre su persona podría poner en peligro la formación del Ejecutivo negociado, sujeto al visto bueno de las bases del SPD en una consulta que parte viciada.

La dimisión de un ministro antes de tomar posesión del cargo en un Gobierno que sólo existe sobre el papel, no es pájaro de buen agüero. No lo es para el SPD, sesgado por luchas internas que, como dijo la canciller en octubre, parece no estar en condiciones de Gobernar. Y no lo es para la Unión Cristianodemócrata (CDU), donde aumentan las críticas a Merkel por las concesiones hechas a los futuros socios de coalición, especialmente por la cesión del ministerio de Finanzas. Cada uno con sus razones, los alemanes no quieren el Ejecutivo que le gusta a Europa.

“Renuncio a entrar en el Gobierno alemán y espero al mismo tiempo de todo corazón que con esto se termine el debate en el seno del SPD“, explicó Schulz, última victima del la vorágine que se vive en la socialdemocracia alemana o lo que queda de ella, pues la casa de Willy Brandt , con sus intrigas, luchas y ambiciones, se parece cada vez más a la Antigua Roma.

“Sabemos qué difícil ha sido para él tomar esa decisión. Eso muestra una considerable talla humana”, apuntó la jefa del grupo parlamentario, Andrea Nahles, mientras que el secretario general del SPD, Lars Klingbeil, destacó que Schulz ha antepuesto los intereses del partido a su propia ambición por ocupar ese puesto, en el que pensaba trabajar con el “objetivo prioritario de impulsar la política europea”, lo que merece “nuestro respeto”. El jefe del grupo parlamentario de la CDU, Volker Kauder, por su parte, se limitó a expresar su esperanza en que las bases del SPD encontrarán ahora más tranquilidad y respaldarán la gran coalición.

El ex presidente del Parlamento Europeo fue recibido con alabanzas propias de un “Cesar” en el SPD, pero sus errores de novato en la política alemana, el desconocimiento de las entrañas del partido y su buena fe, hicieron de él presa fácil. Primero se le acusó de haber logrado para el SPD los peores resultados electorales desde 1949, aunque poco podía haber hecho en seis meses para evitar la derrota que ya preveían las encuestas al SPD bajo la presidencia de su antecesor en el cargo y ministro de Exteriores, Sigmar Gabriel. Su labor se redujo a sembrar entusiasmo, renovar el partido y recuperar el perfil fagocitado por Merkel. Desde la oposición.

Su negativa inicial a reeditar la gran coalición, incluso a formar parte de un Ejecutivo dirigido por Merkel, fue anulada por el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, que le encomió a iniciar conversaciones con la CDU por sentido de Estado y para evitar nuevas elecciones. La bestia que dormitaba en las bases del SPD empezó a revolverse. Su decisión de ocupar la cartera de Exteriores en la gran coalición pactada terminó de despertó al mostro. No importó que Schulz lograra el mejor acuerdo de coalición posible para un partido que sólo logro un 20,5% de votos en las elecciones. Porque para el sector más izquierdista del partido, y muy especialmente para las juventudes (Jusos) no importa el contenido del acuerdo sino el acuerdo en sí.

La presión interna sobre Schulz aumentó hasta hacerse insoportable, pese a que éste había anunciado el mismo día que cerró el acuerdo con Merkel que cedería la presidencia del SPD a la combativa Nahles. No fue suficiente. Las fiera del seguían con hambre. La poderosa federación del Land de Renania del Norte-Westaflia, a la que Schulz pertenece, aceptó hacer de Brutus y le planteó un ultimátum. El destino de Schulz, como el de Julio César, estaba echado. El mesías se convirtió en cadáver político.

Tras un año de sinsabores, Schulz se queda sin nada, desahuciado por sus propios gladiadores. “Ha habido una gran discusión sobre la credibilidad con el resultado conocido”, sentenció el jefe del SPD renano, Michael Groesckek. El jefe de los Jusos, Kevin Kühnert, el instigador de la campaña del NO a la gran coalición fue implacable con la dimisión de Schulz pues “lo que ahora me preocupa no es el destino de las personas sino el del partido y la votación que se celebrará las próximas semanas“.

Determinado a lo que fuere con tal de impedir la gran coalición, Künhert ha invitado, entre otras acciones, a todos los que reniegan de ese formato de gobierno a afiliarse al SPD para reforzar el bando del no. Han respondido al llamamiento 24.000 personas desde principios de año, lo que ha elevado el censo a 463.723 militantes. Una buena noticia para el partido, aunque se entiende que el objetivo de los recién llegados no es quedarse para siempre. Los resultados de esa consulta vinculante se conocerán el 4 de marzo. Para sus detractores, que son muchos, sólo queda el derecho al pataleo y a la pregunta de cómo es posible que el destino del Gobierno de Alemania, una democracia representativa con 81,5 millones de habitantes, quede en manos de medio millón de ciudadanos, de los que muchos no cumplen con los requisitos para votar. Para afiliarse al SPD no hay que ser mayor de edad, ser alemán, ni quiera residir en el país. Basta con tener 14 años y pagar la cuota mensual.

Poco antes de que Schulz anunciara su renuncia, Gabriel, que seguía en silencio el espectáculo desde la barrera, rumiando la decepción de saber que tendría que abandonar Exteriores revistió de moral a su conocido maquiavelismo. En declaraciones al grupo Funke, Gabriel reconoció que “la dirección tiene el derecho a decidir quien forma parte del Ejecutivo”, pero lamentó “la falta de respeto a la que se ha llegado, que no se valore el trabajo que uno ha hecho y que la palabra dada no signifique nada”. Gabriel fue más allá en su pataleta pública revelando la reacción de su hija Marie a la noticia de que los “reyes magos” de la gran coalición no habían traído nada a su papá: “No tienes que estar triste papá. Ahora tendrás más tiempo para nosotros. Eso es mejor que estar con el hombre con pelos en la cara”, en referencia a Schulz.

Mientras, en la CDU, donde el descontento por las concesiones que ha debido hacer Merkel al SPD para sacar adelante la gran coalición tiene cada vez más resonancia “empieza a haber agua hirviendo por todas partes”, ha declarado el líder de las nuevas generaciones, Paul Ziemiak. Como dice el refrán “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”.